Esta mañana asistía atónita al
bochornoso paisaje que centenares de compañeros habían dibujado en los
alrededores de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense
de Madrid. Lo peor es que lo veía venir el jueves cuando salía de la biblioteca
y me encontré con una muchedumbre que a las 18:00h estaba bebiendo alcohol en
la entrada de la Facultad.
Entrada a la Facultad de Ciencias de la Información la mañana del día 27 de Abril de 2012
Era un síntoma evidente de lo que
me encontraría al día siguiente. Mi diagnóstico fue acertadísimo. irresponsabilidad
crónica. La terapia de hoy se subsanó con varias pilas de residuos que esa masa de vándalos universitarios había sembrado. Varios eran los operarios de limpieza que esta
mañana trabajaban sin descanso en reparar el destrozo. Toda una operación que
se financia, por cierto, con el dinero de todos los matriculados en una
universidad pública, es decir, de todos y, por tanto, también suya.
Césped de la Facultad de Ciencias de la Información la mañana del 27 de abril de 2012
Lástima da pensar que el coste de
esos daños se pudiese emplear en más becas, en más profesores, en más
equipamiento técnico... Desesperante la panorámica de las aulas esta mañana donde
asistían, con suerte, la mitad de los
alumnos desaprovechando así la oportunidad de seguir formándose en una
Universidad pública que ha visto despegar talentos en el mundo de las letras,
la tecnología o las ciencia. Impotencia saber
que existen estudiantes que
desearon formar parte de ese grupo de alumnos que asiste a clase y se compromete y no pudieron hacerlo porque su lugar lo
ocupa quien padece esa irresponsabilidad crónica que impide aprovechar el lugar
asignado en la Facultad.
Me indigna que esta imagen tenga
que repetirse año tras año, generación tras generación. Gracias a ellos los
jóvenes somos vistos como una masa de caprichosos malcriados a los que manejar
a golpe de litrona. No es verdad, pero
es muy difícil demostrarlo. ¿Por qué? Muy sencillo. Porque esa misma capacidad
de convocatoria no se consigue ante un recorte como el que sufrirá el próximo
curso la educación o el ERE que se conocía esa mañana en un importante medio de
comunicación en España. Una lástima, de verdad.