Mentir será considerada
la mejor cualidad de los políticos a partir de ahora. Y no nos
falta razón. Recuerdo el último debate electoral antes del 20-N
donde los candidatos a presidir el Gobierno de España, lejos de
defender su programa electoral concretando las medidas con las que
paliar la dura realidad española, se volcaron en demostrar quien
mentía más. Resultó complicada la tarea.
Mariano Rajoy repetía
una y otra vez un concepto que hoy vuelve a saltar a la palestra:
insidias. Según el Diccionario de la Real Academia Española ,
insidia es sinónimo de asechar, es decir, de un engaño o
artificio para hacer daño a alguien. Pues
parece que las insidias no entienden de color político y han dañado
la imagen de los políticos a nivel nacional y autonómico y sin
hacer diferencia entre los populares y los socialistas. El daño en
este caso lo están padeciendo los españoles que ven un horizonte
negro al asistir diariamente a la falta de confianza de los
inversores en España y las constantes maniobras de reducción del
déficit que chocan una y otra vez contra sus bolsillos.
"Donde dije 6, digo 8" (YouTube)
Sobre
la ex-ministra de Economía, Elena Salgado, cayó la primera insidia
sobre el déficit allá por enero cuando se descubrió
que no era del 6% sino del 8% el descalabro español. La situación
se presentaba macabra. Pues bien, sólo hemos tenido que esperar
cuatro meses para descubrir que las insidias tenían amigos entre las
diferentes comunidades autónomas españolas. Por todos es sabido que
las mentiras tienen las patas muy cortas. Ahora resulta que Madrid,
Valencia, Castilla-León... también optaron por disfrazar la
realidad del déficit. Resultado: España tendrá que ajustarse más
el cinturón porque la diabólica cifra del déficit ya rodea el 9%
y se sitúa en el 8,9%. El desajuste es de 3.000
millones de euros.
![]() |
| Twitter oficial de Alfredo Pérez Rubalcaba, Secretario General del PSOE |
Todo indica a que la mentira seguirá siendo una constante en el ámbito político. Lejos queda la importancia que la verdad tenga para la ciudadanía que, al final, es quien paga los platos rotos. Para el resto, continuará siendo un argumento electoral más. Sino me creen, cuestionen por un segundo la respuesta en Twitter de Alfredo Pérez Rubalcaba.


